De Morondava a Tulear. Ruta oeste de Madagascar

La ruta de Morondava a Tulear es una de las más utilizadas por los aventureros que se atreven a viajar por libre a Madagascar. Sin ser de las rutas más transitadas, es una opción muy interesante para visitar ambas ciudades, sin tener que desandar el recorrido de Morondava a Antsirabé. Sin embargo se trata de una ruta dura, con mucho para aprender y poco margen para descansar. En este artículo te explicamos nuestra experiencia en ella.

Morondava-Tulear

Generalmente las rutas preferidas por la gente que viaja a Madagascar incluyen los trayectos Antananarivo-Morondava y Antananarivo -Tulear.

La falta de carreteras obliga, en cualquiera de los dos casos, a volver hasta el punto común de Antsirabé, para hacer el otro trayecto. Por eso hay gente que opta por hacer el recorrido por la costa oeste que lleva de Morondava a Tulear. De esta forma se visitan lugares nuevos y se evita pasar dos veces por el mismo sitio.

La ruta de Morondava a Tulear es, sin duda, inolvidable y supone dos o tres días de recorrido por pequeños poblados perdidos, caminos de tierra intransitables, pistas interminables de arena y ríos de un caudal tan variable como traicionero.

ríos en la ruta a Manja

Para empezar debemos decirte que te olvides de realizar esta ruta tú solo en tu vehículo. Acabarías sin duda hundido en algún río o atascado en un lodazal (algo no descartable de todas formas).

Las opciones que vamos a encontrar serán el alquiler de 4×4 con conductor, o el transporte en un taxi Brousse, que en estas zonas es sustituido por un camión Brousse.

Morondava-Manja

La primera parte de este recorrido es ligeramente más suave. Eso no impide que al cabo de las 6 ó 7 horas de viaje acabemos con los huesos molidos.

El camino comienza con una pista de tierra que parte de las proximidades de Morondava y transcurre de forma agradable durante 20 ó 30 km.

pistas de tierra

A partir de ahí los caminos empiezan a complicarse, la pista deja de ser suave y comienzan a aparecer socavones de considerables dimensiones. El paisaje es arenoso, pero la vegetación varía en cada tramo, pudiendo encontrar distintos tipos de arbustos y baobabs dispersos, algunos de gran tamaño que no tienen nada que envidiar a los de la famosa Avenida de los baobabs.

El recorrido se vuelve lento y agitado. Esto es lo que nos espera durante los siguientes 200 km. A lo largo de esta ruta nos encontraremos con pequeños poblados de chozas y cabañas de adobe, habitados principalmente por gentes de la tribu Sakalava que habita esta región.

niñas Sakalava

Son zonas de economía de subsistencia, con muy escasos medios, y donde vemos reflejada la pobreza de este país. Esto no quita para que disfrutemos de sus gentes, de su amabilidad y simpatía. Y de los niños que continuamente se acercan pidiendo fotografías, caramelos, o algún regalo de esos locos viajeros.

A lo largo de este recorrido se cruzan varios riachuelos de caudal incierto aunque aumenta considerablemente en época de lluvias.

caminos en el oeste de Madagascar

Y aquí encontramos la sorpresa.

Los habitantes de los poblados cercanos se encargan (o dicen que se encargan) de tapar los agujeros más problemáticos y facilitar el acceso a los ríos y caminos, por lo que nos encontramos con “puestos de peaje” variables en un número entre 4 y 8. Sin embargo es bueno saber que el precio de ese peaje puede incrementarse hasta los 15000. Según el capricho del jefe de la comunidad, y supuestamente avalados por el gobierno. Y digo “supuestamente”, porque da risa observar el papel de autorización, escrito a mano en una cuartilla cuadriculada.

cruzando riachuelos

Tras muchas horas de sufrimiento muscular por los continuos botes del camino, finalizamos nuestra primera etapa en la localidad de Manja.

La ciudad de Manja nos recuerda las ciudades sin ley del salvaje oeste. Se trata de una localidad sin ningún atractivo, que únicamente sirve de punto medio de descanso en la ruta que estamos siguiendo.

Iglesia de Manja

Lo que nosotros nos encontramos fue una ciudad gobernada de forma caciquil,  donde existía un gran contraste entre la simpatía y carácter afable de los niños, y la desconfianza y caras de mal humor que se observan entre la población adulta.

Manja tiene un solo hotel, Hotel Kanto, propiedad del alcalde del pueblo. El precio de la habitación doble está en torno a los 50.000 Ariary. Las cervezas valen 3500 en el bar, pero suben a 7000 en el restaurante. El “delicioso” poulet estilizeé avec riz aromatizeé aux charbon (pollo raquítico con arroz quemado), cumple con todas las expectativas gastronómicas del lugar.

cena de pollo con arroz
lo del pollo no es de broma

Estando situada de forma tan estratégica en esta ruta, Manja podría ser una localidad próspera y de atractivo viajero, pero los intereses internos hacen que simplemente sea un agujero perdido en medio de nuestro recorrido. Según nos contaron, algunos intentos de realizar inversiones con capital externo a los mandamases del pueblo, fueron “coartados” a nivel del cuello.

Hotel Kanto. Manja

En cualquier caso el lugar es más que suficiente para descansar antes de proseguir con la siguiente etapa de la ruta.

Manja-Andavadoaka

En esta segunda etapa vamos a hacer una primera fase de camino común, y luego lo podremos optar por diferentes tipos de ruta.

La primera parte nos llevará desde Manja hasta el cruce hacia Morombe, justo tras atravesar el río Mangoky.  Continuamos en pista de tierra con infinitos socavones, si cabe más incómoda que la del día anterior.

El cruce del río es una pequeña odisea, ya que en primer lugar debemos utilizar una de las endebles barcazas, tan habituales en esta parte del país. Con la habilidad que da la experiencia, los conductores “encaraman” sus vehículos a la única barcaza que hace el recorrido en ambos sentidos. Si la suerte acompaña, la espera será breve. Si no…. pues a esperar más rato.

esperando el cruce del rio Mangoky

En la otra orilla nos esperan unos cientos de metros de dunas arenosas, que amenazan con hacer encallar los coches. La “desinteresada” ayuda de decenas de chavales, nos puede evitar algún disgustillo.

dunas Mangoky

Tras atravesar el río podremos optar por la ruta interior, de las mismas características que hasta este momento y que nos dejara en Ifaty, tras una agotadora jornada de casi 8 horas.  No subestimes  esta opción ya que, pasados los primeros kilómetros de pista intransitable, se pierde todo el encanto de la novedad y nuestro objetivo es llegar cuanto antes.

La  otra alternativa nos prolongará nuestro recorrido durante otra jornada, ya que tras llegar a Morombe, continuaremos por pistas de arena paralelas a la costa hasta la localidad de Andavadoaka.

pistas de arena

Este pequeño pueblecito de pescadores será una merecida recompensa tras una agotadora jornada. Allí podremos disfrutar de un rico pescado fresco recién cogido por la tribu Vezo, que habita toda esta franja costera.

siempre cultivando arroz

Los Vezo son pescadores y Andavadoaka es el lugar ideal para ellos. La barrera de coral separa el litoral del mar abierto, permitiendo la pesca en la zona sin depender de los caprichos del Océano Índico.

Andavadoaka-Ifaty- Tulear

Nuestra tercera jornada nos llevará desde Andavadoaka hasta Ifaty y posteriormente a Tulear.

La mayor parte del recorrido también se realiza por la zona costera a lo largo de enormes pistas arenosas. Hay que atravesar la desembocadura de numerosos riachuelos que en algunos casos pueden suponer un serio contratiempo, si el caudal del río está crecido.

No sería la primera vez que un todoterreno queda hundido en uno de estos cauces en tramos de sobra conocidos por los experimentados conductores.

Y así continuaremos hasta cruzarnos nuevamente con la pista de tierra, en las proximidades de Ifaty.

el premio de Ifaty

Un dato interesante a tener en cuenta es que el tramo desde Ifaty a Tulear que era también bastante problemático, ha sido renovado recientemente y podremos disfrutar, por fin, de una fantástica carretera que conecta los últimos 25 km hasta Tulear.

Si quieres recopilar más información para irte a Madagascar, no te pierdas los requisitos de viaje.

Esta entrada la dedicamos a nuestros accidentales compañeros italianos: Eugenio, Sara y Mathia. Un poco más y se quedan perdidos en Manja.

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