Bien temprano, Barry se ofreció a llevarnos al muelle de donde salen los cruceros para las excursiones a la Gran Barrera de coral. El día era brillante y el mar estaba razonablemente tranquilo, pese a lo cual nos tomamos una pastilla antimareo antes de zarpar. El Osprey V era un lujoso yate de quince metros con unos potentes motores que nos trasladaron en poco más de una hora a los primeros arrecifes de coral.


